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Desde
el primer palo o hueso, las primeras armas de piedra y más tarde las de
metal, las armas han evolucionado y con ellas la forma de utilizarlas
pasándose de los movimientos puramente instintivos a unas técnicas
complicadas y estudiadas que permitan el ataque y la defensa con las
mayores garantías de éxito posible.
El kendo o esgrima japonesa
surgió a partir de la evolución natural de las técnicas del uso del
sable. Al igual que la esgrima occidental no apareció de pronto ni fue
desarrollada por una o varias personas en particular, sino que, a lo
largo del tiempo, se fue perfilando a partir de experiencias en
combate.
Lógicamente,
existieron personas que crearon escuelas y escribieron normas que
reglamentaban la utilización del sable, y todo ello unido fue
componiendo la técnica hoy denominada kendo y que en un principio se
denominó kenjutsu o arte del sable (ken-sable,jutsu-arte), pero que más
adelante, con su evolución y el añadido de componentes místicos y
filosóficos, paso a denominarse kendo o vía del sable.
Antes
de seguir adelante, haremos notar que para entender el espíritu del
kendo en profundidad hay que tener en cuenta que en Japón el sable ha
representado algo más que un simple instrumento de muerte, hallándose
muy enraizado en las tradiciones místicas y espirituales niponas.
Las
diferencias entre el kendo y la esgrima son importantes. En occidente,
las armas (espada, florete o sable) se sujetan con una sola mano y el
cuerpo se coloca en posición ladeada para presentar el menor blanco
posible al adversario. A diferencia de Occidente , en el kendo se
sujeta el sable con las dos manos y la posición de los combatientes es
frontal, teniendo los golpes de punta un papel secundario. Se trata de
dar el menor número de golpes posible, ser capaz de acabar con el
adversario con un solo movimiento rápido, preciso y definitivo. A ello
estaba dirigido el entrenamiento del kenjutsu en los tiempos en que
dominar el sable era cuestión de supervivencia y no un mero deporte.
Las
diferentes mentalidades se dejan sentir también en los ataques y
defensas, pues no hay que olvidar que tanto las técnicas de la esgrima
como la del kendo surgen de experiencias en combates auténticos de
pueblos con características muy diferentes tanto en el terreno mental
como en el físico.
Las armas han sido creadas por el hombre
como un utensilio que viene a cubrir una necesidad concreta: la defensa
y el ataque, en principio contra los animales, pero que más tarde
acabaría usando contra sus semejantes.
Con el paso del tiempo,
las armas se perfeccionan y especializan, diferenciándose las
utilizadas para la caza de las que son para la guerra.
De esta
forma llegamos a una de las armas más utilizadas durante siglos por los
hombres en sus luchas cuerpo a cuerpo: el sable.
Al
principio, el aprendizaje del kenjutsu se hacía con sables auténticos y
sin protecciones, lo cual lo hacía peligroso. No era raro que durante
las prácticas o la realización de las katas, los practicantes, maestros
y alumnos sufrieran heridas que en ocasiones eran de consideración.
Así,
varios maestros de la época Edo(1603-1867), entre los que estaban
Toranishi Kanshin y Ono Tadake, empezaron a utilizar una armadura que
protegía a los rivales. Esta armadura estaba inspirada en las
utilizadas por los Samuráis, y constaba de un casco y otras piezas de
cuero, metal y bambú, que protegían cabeza, pecho, costados y brazos.
Esta coraza fue poco a poco perfeccionándose hasta llegar al actual
equipo, que consta de un casco protector para la cabeza (men),
consistente en una máscara de enrejado de hierro con faldones a los
lados fuertemente acolchados y protección rígida para la garganta. El
peto (do), de gran dureza y que suele tener bambú por fuera o por
dentro y protege al tronco. Una faldilla corta (tare) acolchada y
que cubre el bajo vientre y caderas, y las manos y muñecas protegidas
por unos guantes (kote) gruesos y acolchados.
El
maestro Ono había inventado también un sable hecho de bambú (shinai),
que algo perfeccionado es el utilizado hoy en competición y
entrenamiento.
Fue
uno de los alumnos del maestro Ono, llamado Chuta Nakanishi, quién
alrededor de 1750 desarrolla los kote y perfecciona el shinai.
El
mismo Nakanishi funda una escuela donde utiliza estos accesorios,
logrando espectaculares resultados entre sus alumnos, pues con la
armadura y el shinai es posible golpear y atacar sin temor a las
heridas, lográndose velocidad y técnica en corto tiempo. Este éxito
hace que poco a poco las demás escuelas de Japón adopten el shinai tras
algunas reticencias.
El
shinai es un sable compuesto por cuatro cañas de bambú unidas en su
extremos por dos piezas de metal, una pequeña en la punta y otra mayor
en el mango, unidas y tensadas por un cordón. Lleva además una guarda o
tsuba de caucho de forma circular.

El
hecho de estar formado por cuatro lamas se debe a la necesidad de
restarle potencia en el golpe y, por tanto, hacerlo menos peligroso.
Con ello, además se le hace más flexible y al mismo tiempo, por su
sonido, el árbitro de un combate puede estimar la bondad y limpieza del
golpe.
Las medidas y pesos reglamentarios de los shinais son:
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Infantiles: menos de 112 cm de largo y de 375 a 450 g de peso.
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Juveniles: menos de 115 cm de largo y de 450 a 485 g de peso.
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Adultos: menos de 118 cm de largo y de 485 g de peso mínimo.
Bajo
el equipo protector, el practicante de kendo viste una hakama o
falda-pantalón muy amplio, con pliegues, y un kendogui o chaquetilla
similar a las de judo, pero de un tejido más ligero. En la cabeza, bajo
el men, se coloca un pañuelo de algodón.

Por último, para las katas se emplea un sable de madera dura llamado bokken, de forma y tamaño similar a la katana. |